
La palabra "naturaleza" deriva del latín "natura", palabra con la que se hacía referencia a las "cualidades esenciales" o "disposición innata" de algo. Una de las definiciones de naturaleza en el español es: "conjunto, orden y disposición de todo lo que compone el universo".
Resulta pues curioso que lo primero que cruza la mente al escuchar la palabra... sea un conjunto de árboles, usualmente con una cascada o lago de fondo (los colores verde y azul son inmediatamente asociados por nuestra mente con la naturaleza). Pocas veces pensamos en una galaxia, un quasar, un cristal de turmalina, un átomo de deuterio, un tripanosoma, el campo magnético de la Tierra o una marcantia. El primer caso pareciera encuadrar mejor con el concepto de parque, mientras que el segundo con la inaccesible galería de un científico huraño y excéntrico (por no decir loco).
Y es que el concepto general de naturaleza se construye con aquello que le es más común al grueso de la población, casi todos hemos salido a las zonas rurales y visto "un área natural", pero no todos hemos tenido la oportunidad de estudiar a fondo los cristales embebidos dentro del granito, las estructuras reproductivas del musgo o las nebulosas que rondan en la lejanía. La naturaleza es pues algo con lo que hay que familiarizarse o buena parte de ella permanecerá alienada.
Ahora bien, es también muy abundante el concepto de lo sobrenatural, definido como aquello que rebasa a la naturaleza. Es interesante ver que quienes lo manejan, lo hacen con una mente tan abierta como cerrada, pues lo sobrenatural supone ideas también preformadas: magia, fantasmas, demonios, "lo desconocido", etc. La sola mención de lo sobrenatural da permiso a la mente de ignorar la lógica e imaginar; sin embargo también se corre el riesgo de caer en un absurdo, ya que como vimos, lo natural involucra a la esencia de todo cuanto existe en el universo, por lo que, si existiesen los fantasmas, estarían tan involucrados con el funcionar de todo, como todo lo demás.
Lo sobrenatural es sólo uno de muchos callejones intelectuales en donde solemos llegar con frecuencia. Basta un concienzudo análisis para percatarse de que el no saber algo con certeza, no nos da permiso de inventar y rellenar los huecos con lo que nos venga en gana, pero he de reconocer que muchas veces resulta más divertido. Más cuando la resolución responsable del problema requiere de demasiado trabajo mental (o hasta físico). Por eso es que resultan tan atractivas las "respuestas mágicas" y es válido divertirse con las posibilidades, siempre y cuando se tenga siempre en mente, que se trata únicamente de conclusiones bastante perezosas.
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