
El estudio de la información genética es uno de tantos que suele caer en malas manos y el conocimiento que arroja llega a ser usado de manera irresponsable.
En entradas anteriores, vimos cómo es que el material genético de las células, de cierta manera condiciona la expresión de proteínas, que son las responsables de llevar a cabo cientos de funciones que regulan a la vida celular y sus características.
Hay que decir, que nuestro conocimiento al respecto es aún joven y que "el gen del mal humor" o "el gen del amor" no son conceptos de los que hable la verdadera ciencia. Muchos medios manejan la información ad hoc y dan la falsa idea de que los científicos acaban de encontrar la fuente de nuestras emociones o preferencias. Posteriormente otros medios retuercen más esta información y afirman que ya se tiene completamente medido a un individuo al conocerse su genoma (conjunto de genes). De estas ascepciones se desprende el "determinismo biológico", un teoría llena de huecos que pretende explicar la naturaleza de los individuos, las razas y las sociedades, culpando a la naturaleza innata descrita en los genes.
El sustentar las ideas del determinismo biológico, no forma parte del quehacer de la ciencia, ya que esta no parte de ideas preconcebidas y les busca evidencias a favor. La ciencia encuentra las pistas primero y al final con base en ellas ve que tantas conclusiones se pueden sacar y debe ser humilde y reconocer cuando éstas no son muy contundentes. El buen científico se mantiene sobrio y describe el fenómeno sin querer moldearlo a un resultado "deseado".
Sabemos algo sobre los procesos que ocurren en nuestras células, pero no por ello debemos usar ese conocimiento para emitir juicios prematuros que pueden tener consecuencias negativas en la sociedad. Más aún, debemos tomarnos el tiempo como hombres y mujeres de ciencia, para contagiar a los demás con lo que sabemos, hacerlo accesible a quienes practican otras actividades y mantenerlos verdaderamente informados y que jamás la ciencia sea usada para sustentar racismo o discriminación.





